Olite

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El Palacio Real de Olite es sin lugar a dudas, el más importante de los testimonios que nos ha quedado a los navarros, para tener presente nuestro pasado. Al pasear por sus torres y murallas, llegaremos a sentir mas cerca la historia de este viejo reino que fue Navarra.
Aunque casi todos lo llamamos “castillo”, lo correcto es referirnos a él como “palacio”, ya que se trata de una construcción con carácter cortesano, donde los aspectos residenciales prevalecieron sobre los militares (defensa).
Uno de sus principales encantos es el aparente desorden de su diseño. Esto se debe a que su construcción nunca se afrontó como un proyecto “de conjunto”, debiéndose el resultado final a las continuas obras de ampliación y reformas que se sucedieron durante siglos, aunque la mayor parte de las obras se realizaron entre finales del s.XIV y principios del s.XV. El entonces rey de Navarra Carlos III “el Noble”, decidió convertir el palacio existente en sede real permanente y dotarla de todo el ornamento propio de estas. Así, utilizando para su construcción los fondos obtenidos en la venta de sus posesiones en Normandía, comenzaron las primeras obras de ampliación del palacio.
El conjunto formado por sus estancias, jardines y fosos, rodeados por las altas murallas y rematados por las numerosas torres, le confieren una espectacular y mágica silueta. En su época, llegó a ser considerado como uno de los mas bellos de Europa. En él podremos diferenciar claramente dos recintos: el Palacio Viejo convertido en Parador Nacional de Turismo, y el Palacio Nuevo, en el que se centra la visita.

Lamentablemente, en su visita no vamos a poder hacernos ni la mas ligera idea de su majestuosidad. Trás la invasión de Navarra a principios del s.XVI, por parte de Castilla, el estado de abandono en el que quedó inmerso el palacio, hizo que éste fuera deteriorándose progresivamente. Este proceso, culminó con el incendio ordenado por el guerrillero Espoz y Mina durante la Guerra de la Independencia (1813), ante el temor de que en él se fortificaran las tropas francesas de Napoleón.
El estado actual del edificio es fruto de una restauración, todavía sin concluir, iniciada a principios de este siglo, y que se ha basado en el proyecto con el que los arquitectos José y Javier Yarnoz, ganaron el concurso convocado para ese fin. La intención de esta compleja labor, es la de recuperar la estructura del palacio propiamente dicha. Así, podremos distinguir entre lo que se corresponde con el edificio original, y lo que se debe a su restauración. Sin embargo, la riquísima decoración interior que revestía sus muros se ha perdido para siempre, al igual que los jardines exteriores que lo rodeaban.

www.olite.es

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